Necesidades dieteticas

 

La mayoría de los nutriólogos considera que la dieta satisface la necesidad de este mineral, sin embargo autores como el Dr. Atkins, citan opiniones en contrario como la de Forrest H. Nielsen, director del Centro de Investigación de Nutrición Humana en los Estados Unidos (Atkins, 1999). En efecto, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la dieta moderna genera una carencia generalizada de silicio. Veamos porqué:

Los alimentos ricos en silicio son:

• La avena, el mijo, la cebada, el arroz (todos ellos integrales), las patatas, la remolacha, la alfalfa, la soja, vegetales verdes, etc.; siendo las fuentes más ricas de la alimentación humana los cereales integrales. En promedio la alimentación aporta unos 30 mg. al día de silicio.

1. La dieta moderna basada en alimentos refinados, con un bajo consumo de vegetales, con suelos empobrecidos y animales de crianza industrial, genera una inexorable disminución del contenido de silicio en los tejidos humanos. (Carlisle, 1974)

2. El estudioso norteamericano W.A. Price ha demostrado que la alimentación de los pueblos primitivos contiene cuatro veces más minerales que la dieta industrializada moderna (citado por Heinz Scholz, 1987).

3. Y a esto debemos añadir, según lo refiere Calcagni (1984), que la mayor parte del silicio aportado por los vegetales lo es bajo la forma de cristales de opalina (inorgánico) y que, en una oveja por ejemplo, de los 40 mg. aportados al día, por el forraje solo el 0,016% permanece en sus tejidos.

4. Otra fuente tradicional del silicio era el agua, pero el uso de sales de aluminio en los procesos de potabilización en las grandes ciudades elimina las ya de por si pequeñas cantidades de silicio presentes en el agua.

5. Por último, hay que recordar que, al contrario de lo que ocurre con otros minerales, conforme envejecemos desciende el contenido de silicio en nuestros tejidos (Kieffer 2000).

6. A esto se aúna al hecho de que los humanos no podemos transformar en silicio orgánico el silicio mineral que mayoritariamente aportan los vegetales.

Todo lo anterior permite afirmar que la complementación con silicio es hoy en día una necesidad generalizada, como lo demuestra la eficacia de su aplicación terapéutica en muchas de las enfermedades típicas de la civilización moderna.

Contenido de silicio en los tejidos

Amén del problema actual representado por un aporte deficiente de silicio en nuestra alimentación, los niveles de este elemento en el organismo pueden variar por diversas causas:

Según el sexo

Gohk y School (citados por Desmonty 1988), observaron un 35% menos de silicio en el tejido muscular de la mujer que en el del hombre (¿una posible explicación del diferencial del potencial de fuerza muscular entre los sexos?)* Charnot y Perez observaron lo inverso en las ratas: las hembras adultas tienen tasas más elevadas que los machos.

Según la edad

Monclaux (citado por Desmonty 1988) ha señalado un descenso general de los niveles de silicio en el cuerpo en el curso del envejecimiento. Así, por ejemplo, la tasa de silicio en los tejidos tegumentarios disminuye un 30%; en la pared aórtica estudiada detenidamente por LOEPER (citado por Fourtillan 1971) se encuentra una tasa de silicio 4 veces más elevada en los niños que en las personas de edad. James Duke (1998) señala que con la edad y el descenso de los estrógenos disminuye la absorción del silicio lo cual a su vez determina la tendencia a la descalcificación potencialmente típica de la menopausia.

Con la edad disminuye la absorción intestinal del silicio (Desmonty 1988). Charnot y Perez (citados por Demonty 1988) constataron que en las ratas se produce una reducción del contenido de silicio en el tejido ungueal, intestinal y gingival en el curso del envejecimiento siendo peor en las hembras. La tasa de silicio de la aorta, el timo y la piel en los humanos, decae con la edad (Murray 1996).

En ciertas patologías

En la tuberculosis se produce una pérdida acelerada del silicio contenido en el organismo (lo cual condujo diversas experiencias terapéuticas con silicio en estos casos desde los albores del siglo XX):

En el cáncer, Remmets (citado por Desmonty 1988) ha constatando un descenso significativo de la tasa de silicio en el tejido conjuntivo (ver más adelante).

En la ateroesclerosis

LOEPER y GOLAN estudiaron la relación entre la tasa de silicio en el tejido aórtico y la ateroesclerosis, constatando que toda infiltración lipídica, conlleva una disminución de silicio en las paredes arteriales.
Por otra parte, un estudio hecho por MARS, NEBIA y NEBULONI, llevado sobre 72 personas de más de 61 años, ha demostrado que en las arterias afectadas de ateroesclerosis, la tasa de silicio es 14 veces inferior a la que se puede medir en las arterias exentas. Este déficit afecta sobre todo las capas llamadas intima y media. El silicio le confiere su flexibilidad a las arterias. (Desmonty 1988).
El SILICIO es uno de los ELEMENTOS CONSTANTE en la ESTRUCTURA de las PAREDES VASCULARES SANAS.


En patologías óseas

En primer lugar debemos resaltar que al comienzo de los procesos de desmineralización es la tasa de silicio lo que decae brutalmente: hasta un 50% mientras que la del calcio y el azufre sólo caen en un 5 á 8% (Desmonty 1988). En diversas patologías óseas se constata una pérdida progresiva del silicio por parte del hueso: osteomalacia, tuberculosis ósea, osteosarcoma, (no confundir con los padecimientos muy numerosos, en los cuales la carencia de aporte, mala absorción o deficiente metabolismo del silicio terminan afectando a los tejidos osteoarticulares).

Absorción y eliminación

Al parecer se absorbe básicamente por el duodeno. Sin embargo hay que hacer notar que en la forma orgánica el silicio es fácilmente absorbido a través de la piel, como lo demuestran los trabajos desarrollados durante años por varios médicos y científicos de Burdeos con moléculas de uso cutáneo. Con la edad disminuye la absorción intestinal del silicio. Normalmente la eliminación ocurre por vía renal y heces fecales, pero también perdemos silicio a través de otros tejidos: al cortar el cabello, las uñas, en las mucosidades, etc.

FOURTILLAN, Jean Bernard; Estude Chimique et pharmacodynamique de quelques derivés organosilicies hidrosolubles, tesís para obtener el título de Dr. En Farmacia, presentada el 1º. De octubre de 1971 en la Universidad de Burdeos en FRANCIA.


Metabolismo

Charnot y Perez (citados por Desmonty, 1988) estudiaron la regulación endocrina del metabolismo del silicio, de su absorción intestinal y su fijación en determinados tejidos (uñas, dientes, encías) en ratas de ambos sexos.

Los experimentos consistieron en estudiar animales a los cuales se les habían extraído los ovarios, o la tiroides o las adrenales. Estos investigadores dejaron claro que el metabolismo del silicio está influido hormonalmente:

- En los machos los esteroides de la suprarrenal juegan un papel importante
- En las hembras los esteroides de las gónadas y las hormonas de las suprarrenales
- En las hembras disminuye severamente (50%) la tasa de silicio en el plasma al extraer los ovarios
- En ambos sexos el envejecimiento (al parecer debido al deterioro glandular) disminuye la tasa de silicio. Lo cual a su vez agrava los procesos de envejecimiento y la degeneración glandular pues el silicio (según veremos) es importante para la salud glandular.

Se ha confirmado que la tasa de silicio en los tejidos disminuye en las mujeres con la esterilización o durante la menopausia (Charnot, A. 1971)


Esencial para la vida

Sólo recientemente -1972- se ha reconocido al silicio como esencial (Murray, 1996). El silicio forma parte de los oligoelementos, es decir los elementos minerales que a pesar de presentarse en pequeñas cantidades en el cuerpo son, sin embargo, indispensables para la salud y la vida. Hasta ahora se han identificado 14 oligoelementos esenciales (Scholz, 1987): silicio, vanadio, molibdeno, magnesio, hierro, cobalto, níquel, cobre, zinc, selenio, estaño, yodo y flúor (ver cuadro anexo para más información).

Un oligoelemento (o un mineral) es considerado esencial si:

• su carencia produce una alteración funcional en el organismo
• si su presencia es importante para el desarrollo
• si los síntomas patológicos generados en los diversos tejidos se asocian con una disminución de dicho elemento en esos tejidos.
• Si se observa un retorno al normal funcionamiento orgánico y una normalización del desarrollo después de aportar (en cantidad y calidad adecuados) el elemento faltante (Tolonen 1995; Calcagni 1984)




Experimentos sofisticados, realizados sobre los efectos de la carencia de silicio en ratas y pollos jóvenes llamaron la atención acerca de las consecuencias de dicha carencia sobre el desarrollo del tejido conjuntivo y el desarrollo óseo. A partir de ahí se amplió el estudio de la función del silicio en el tejido conjuntivo, aunque no sólo abarca funciones de crecimiento y de sostén sino también de defensa, según veremos más adelante. Veamos algunos estudios (citados por Calcagni 1984):

Una reducción significativa del crecimiento de las ratas resultaba de un régimen deficiente en silicio. La estructura del cráneo y la pigmentación de los incisivos se veía afectada. La adición de 50 mg. de silicio por cada 100 gr. de alimento corregía los problemas (SCHWARZ, 1970).

Varias investigaciones de la profesora Edith Muriel Carlisle (1972/1974/1976) han puesto de manifiesto que el silicio desempeña un papel activo en el metabolismo de los huesos. En un experimento bajo su dirección se eligieron pollos (dado su desarrollo esquelético acelerado). Se les sometió a un régimen pobre en silicio, y se les dividió en dos grupos uno de los cuales recibía un suplemento de silicio equivalente a 100 ppm. de su dieta (bajo la forma de meta silicato de sodio). Se observaron notables diferencias entre ambos grupos. En los pollos exentos del complemento del silicio se produjeron :

- Los metatarsianos relativamente flexibles
- Huesos más cortos en las patas.
- Los huesos de la tibia y del fémur frágiles
- El pico era flexible y faltaban los carunculos
- La cresta poco desarrollada
- En su comportamiento eran esquivos
- Tenían un cortex ligero
- Tenían en promedio un peso 30% menor que los pollos que recibían el suplemento de silicio.
Un estudio más detallado de los huesos y de las crestas de estos pollos en comparación con los mismos tejidos de aquellos animales que sí recibieron silicio arrojó resultados aún más interesantes:

Se observaron grandes diferencias en la composición del hueso, siendo la más significativa una reducción del contenido de agua en las tibias y los fémures de los pollitos con dieta pobre en silicio. La deficiencia de agua podía llegar hasta un 35%. Tomando en cuenta que el principal componente ligado al agua en los cartílagos es un muco polisacárido se llevó a cabo, adicionalmente, un estudio de la composición de los cartílagos de estos animales. Se obtuvieron cartílagos de las tibias de los pollitos. Se observó en los animales que sí recibieron un aporte de silicio, no sólo una mayor cantidad de cartílago sino también una mayor proporción de hexosamina (un muco polisacárido) (Carlisle). En el estudio de las crestas se confirmaron estos resultados: las crestas de aquellos animales que sí habían recibido silicio contenían cantidades más importantes de tejido conjuntivo y de hexosamina (ver cuadro anexo).
Por otra parte se observaron anomalías en la formación del cráneo de los pollos con dieta pobre en silicio: se producían cambios en la arquitectura craneana y este se mostraba más frágil y más pequeño.
Los exámenes con rayos X, y los estudios histológicos demostraron una disminución de la calcificación, menor cantidad de colágeno y una trabécula empobrecida (Carlisle).
En experimentos realizados en la Universidad Estatal de Letonia en el Centro de Bioquímica Experimental, se ha observado que tras la administración de silicio a ratas y a pollos en edad de crecimiento, este se ha aumentado entre un 25 y un 50%. Los descubrimientos acumulados en los últimas décadas del siglo XX han demostrado que el silicio resulta determinante para el desarrollo ponderal y que se comporta como catalizador de la fijación por parte del organismo de algunos oligoelementos como el azufre, el fósforo y el calcio, determinantes para el desarrollo óseo. Hoy esta claro que el silicio está implicado profundamente en la formación del hueso, en el completo desarrollo del tejido conjuntivo y del tejido articular, impidiendo su degeneración y contribuyendo a conservarlos en los adultos y en los viejos.

EL SILICIO Y LA OSTEOGENESIS

Veamos con más detenimiento la cuestión del silicio y la osteogénesis.
Los estudios clásicos han sido los de Schwartz y Carlisle. (Ver bibliografía).

• El silicio se presenta en tasas relativamente elevadas en sitios de calcificación.
• Al inicio de la descalcificación el silicio cae brutalmente (hasta 50%) en contraste con minerales como el calcio o el azufre que solo caen de un 5 a un 8% por ciento (Desmonty, 1988).
• Estudios con electro miografía por rayos X y punciones sobre huesos de ratas muestran la ausencia casi completa de silicio en el hueso maduro y su presencia asociada, a bajas concentraciones de calcio en las zonas de osteogénesis (Desmonty, 1988).
• Esta misma autora señala que experimentos con ratas sometidas desde su nacimiento a un régimen pobre en calcio demostraran la acción favorable del silicio sobre la mineralización del hueso: las ratas suplementadas con silicio mostraban un peso significativamente mayor que el de las ratas no suplementadas.

La tasa de silicio se muestra elevada al momento del proceso inicial de calcificación y después cae de manera marcada al momento en que se incrementa la tasa de calcio y sufre su transformación en hidroxiapatita (un mineral parecido al mármol y sumamente resistente). La acción calcificadora y mineralizante del silicio ocurría en estos experimentos, durante las primeras dos semanas de vida, al cabo de 5 semanas ya no existía diferencias entre los dos grupos de ratas.
Tolonen (1995) refiriéndose a la salud humana señala que cuanto más bajo es el aporte de calcio más importancia adquiere la ingestión del silicio. Algunas investigaciones han observado que las personas que no consumen suficiente silicio pueden ver disminuida su densidad ósea (Nielsen 1991). También se ha observado el efecto del silicio sobre los dientes:
En un estudio con conejos se puso en evidencia la mejoría del estado dental: los dientes adquirían una superficie más lisa, y más regular y brillante que en los animales testigos, y además presentaban mayor resistencia a la fibra (Faure, citado por Desmonty 1988). También existe evidencia de que el silicio se concentra en los osteoblastos (las células formadoras de hueso). Así mismo se ha demostrado el papel del silicio en las síntesis de los mucopolisacáridos, que conforman la matriz proteica en la cual se deposita las sales de calcio.

Hay que recordar aquí que el hueso está básicamente conformado por un matriz proteica y por el depósito en ella de sales de calcio. La matriz fibrosa le permite al hueso ser flexible y tolerar la tensión, mientras que las sales de calcio depositadas (65% de su peso) le dan firmeza y lo capacitan para resistir la presión. En el proceso de formación del hueso se considera que se producen primero los componentes de la matriz (proteínas-polisacáridos, y fibras de colágeno) que conforman, gracias a modificaciones químicas, una estructura ordenada en la cuál se depositarán en segundo lugar las sales de calcio. (Jacob Francote Lossow 1982). De acuerdo con los datos ofrecidos hasta aquí podemos afirmar que la importancia del silicio para la osteogénesis deriva de que interviene tanto en el proceso de la producción de la sustancia matriz cuanto en depósito de sales en los huesos. Pero además existen datos que permiten señalar que la presencia del silicio también contribuye a dar forma al tejido de la matriz.

En efecto, el estudio de la composición de tejidos como los cartílagos, el cordón umbilical, etc., ha mostrado –comenta Calcagni (1984)- que el silicio se presenta ligado al interior de estructuras de biopolímeros polisacáridos (como el ácido hialurónico, la condroitina, etc.) a través de enlaces no reactivos sumamente estables. Estas observaciones, señala Calcagni, conducen a pensar que el silicio actúa como el elemento que permite los enlaces transversales entre proteínas y polisacáridos, o entre los de estos últimos, de lo cual deriva la importancia del mismo para conformar la estructuración ordenada de las proteínas que constituyen la matriz del hueso. Y lo mismo vale para la totalidad del tejido conjuntivo de nuestros cuerpo.

Después de ofrecer datos técnicos precisos sobre las concentraciones de silicio enlazado en diversas muestras de tejido conjuntivo animal Calcagni (1988) concluye señalando lo siguiente:

“Los conocimientos actuales permiten pensar que el silicio tiene un ROL ESTRUCTURAL en el tejido conjuntivo, que está implicado en la SÍNTESIS DE LOS MUCOPOLISACÁRIDOS y que interviene en la MINERALIZACIÓN DE LA MATRIZ ÓSEA”