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Historia del silicio en medicina
Aunque ya se preveía la potencialidad
terapéutica de este elemento, a lo largo de los siglos los terapeutas,
los herboristas y los científicos siempre se toparon, con un obstáculo
difícil de vencer: la obtención de una molécula de
silicio orgánico, biodisponible y no tóxica. Sin embargo
las propiedades beneficiosas de algunos productos silíceos han
sido conocidas y utilizadas empíricamente durante siglos. En adelante
abordaremos la presentación de diferentes experiencias terapéuticas
con diferentes tipos de moléculas del silicio, pues en todos los
casos se trata de usos validos también para el silicio orgánico.
El silicio forma parte de los mas antiguos remedios y se encuentra mencionado
ya en los papiros egipcios. El uso de la arcilla se remonta a la antigüedad.
Empleado en la India, en medicina ayurvédica, después por
los árabes, el extracto de un bambú rico en silicio, el
tabashir, estaba indicado para los reumatismos inflamatorios y los fenómenos
de descalcificación ósea. Las aguas termales que contienen
silicio son empleadas desde las época de los griegos y romanos.
Se les atribuía poderes mágicos. El agua de la fuente Castalia
en Delfos tenía fama de desarrollar la memoria. En la edad media,
Santa Hildegarda de Bingen herbolaria y terapeuta de la edad media (siglo
XII), integró en su farmacopea numerosas rocas y piedras preciosas
las cuales eran ricas en silicio (aconsejaba también los elixires
de de piedras). El cristal de roca (hoy sabemos que su acción se
debe al silicio) era indicado según ella para: “la claridad
del espíritu, el equilibrio del cerebro, la diabetes, la obesidad,
la purificación de la sangre y de los males humores, los tumores
y goitres, las uñas y el cabello, la esfera cardíaca y digestiva”
(Kieffer, 2000).
A lo largo de la historia las curas termales en balnearios de aguas ricas
en silício siempre estuvieron en boga. En el siglo XVI los miñones
del rey Enrique III iban a Sail-les-Bains para curarse sus afecciones
venéreas. Las bellas damas de la corte iban a ese balneario rico
en aguas silíceas para hacerse una cura de rejuvenecimiento y de
belleza. Paracelso por su parte, preconizaba silicatos para tratar las
afecciones venéreas. Después de Paracelso (siglo XVI) cayó
en el olvido y fue recuperado por Hanneman (siglo XIX) quien desarrollo
uno de los medicamentos más utilizados por los homeópatas:
la Silicea. Schussler, también incluyó el silicio en su
famoso sistema terapéutico. A comienzos del siglo XIX diversos
estudios y doctores, pusieron en práctica el uso del silicio en
diferentes formas con fines terapéuticos y adelantaron diversos
estudios tanto en humanos como en animales.En el siglo XIX en terapéutica
se hizo uso de los silicatos. En 1855 Clauder trata la gota por este medio.
Los doctores Socquet de Lyon y Bonjean de Chambery notan la acción
disolvente de los silicatos sobre los cálculos úricos. Pero
en esta época el empleo de silicatos presentaba una dificultad.
En efecto si el profesor Picot de Burdeos reportaba a la Academia de Ciencias
la acción disolvente de los cálculos úricos del silicato
de sodio, subrayaba su toxicidad cuando se administraba por vía
interna.
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Hubo que esperar a 1901 para que Sirfried aporte la explicación
a esta toxicidad. Tenía relación con el empleo de soluciones
impuras que contenían sodio libre. A partir de este momento los
autores pudieron emplear los silicatos sin peligro y notan su acción
sobre la arteriosclerosis (Lecene Olivier 1904), la hipertensión
arterial (Bodin 1908) Scheffer lo administra por vía intravenosa.
Este modo de administración se muestra eficaz contra el prurito
senil (Luitken Viena 1927) Una última referencia clásica,
la tesis de Jean Pierre Lapouge (Burdeos 1934) que resume el conjunto
de aplicaciones conocidas en esta época. El silicio se empleaba
en esa época de cuatro maneras:
1. En forma mineral, arcillas
2. En fitoterapia, cola de caballo
3. Aguas termales silícicas indicadas algunas en tratamiento de
dermatosis, otras empleadas a la vez contra la artritis, afecciones del
colon, sistema nervioso, circulación o vías respiratorias.
4. Administrando silicatos o silicio coloidal.
Pero a pesar de los indiscutibles resultados, la terapéutica
con silicio no llegó realmente a imponerse. Su eficacia estaba
limitada porque el organismo asimila difícilmente los derivados
minerales del silicio: El sílice o los silicatos. Como lo precisa
el profesor Voronkov, autoridad mundial en relación con el silício
: “todos estos compuestos son insolubles o desencadenan en contacto
con los jugos gástricos, un ácido silícico insoluble”.
El sílice y los silicatos son formas oxidadas. Para que el silicio
sea disponible y pueda entrar en el circuito metabólico, se necesita
que se rompa el enlace Si-O, que es un enlace muy sólido:
Si + O2 = SiO2 + 200 kilocalorias
El organismo humano es incapaz de romper este enlace.
Como todos los organismos animales es heterótrofo, lo que significa
que no puede asimilar ciertos minerales. Solo lo puede hacer cuando ya
han sido extraídos del suelo por los vegetales, organismos autótrofos
capaces de integrarlos en los circuitos biológicos.
Este punto permite remarcar la importancia del descubrimiento de los compuestos
de silicio orgánico.
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